El silencio de la mansión Moretti tras la partida de Don Marcos no era paz; era una presión atmosférica pesada, como el aire antes de una tormenta eléctrica. Isabella subió las escaleras de mármol sintiendo que cada paso resonaba no solo en los pasillos, sino en el centro de su pecho, donde los latidos marcaban una cuenta regresiva implacable: dos meses. Sesenta días para pertenecer legalmente a la oscuridad de los Rossi.
Al entrar en su habitación, el aroma a lavanda y sándalo la recibió como