El tren de aterrizaje del Gulfstream G650 golpeó la pista del aeropuerto de Teterboro con un estruendo sordo, marcando el final de un exilio de cinco años. Nueva York recibió a Isabella Moretti con un atardecer que teñía los rascacielos de un naranja sangriento: una metáfora perfecta para lo que estaba por venir. El jet se detuvo frente a la terminal privada, donde una hilera de camionetas negras ya la esperaba.
Isabella se puso de pie, ajustando su abrigo de cachemira sobre sus hombros. Sus oj