Mientras el lobo de Scott Walton terminaba su recuperación en su departamento de Manhattan -New York, en Zúrich el sol de la mañana se filtraba por los ventanales de la mansión McLean, iluminando la toga negra y el birrete que descansaban sobre la cama de Isabella. Apenas habían pasado dos meses desde que el complejo de Altstetten ardiera y el linaje de los Al-Farsi fuera borrado del mapa, y Nick fuese rescatado en su última misión. Isabella se miró al espejo; la herida de su brazo estaba perfe