…Ese silencio se rompió con el sonido de unos cerrojos.
Santoro y Vittoria retrocedían hacia una puerta trasera, la salida de emergencia. Santoro disparaba a ciegas con una pistola en la mano izquierda, su brazo derecho aún inútil. Vittoria, cojeando, arrastraba una pierna herida por la metralla.
— ¡Van a seguir huyendo como ratas! —vociferó Stefano, apuntando.
Giuseppe levantó una mano, deteniéndolo. Avanzó hasta quedar a cinco metros de ellos. La lluvia entraba por un ventanal roto, empapando