Cada noche, la ciudad se vestía de tiniebla y miedo, por los techos se escuchaba caminar el ángel de la muerte. Los miembros de la organización Arkenis, vivía en una paranoia absoluta. Día y noche.
Leonard había dejado de dormir, había dejado de pensar con claridad.
Y ahora… había dejado de calcular, ya se estaba dejando de comer.
El miedo se le había metido bajo la piel. Cada noche creía ver su sombra en los rincones, cada paso tras él le parecía un susurro de venganza.
Y cuando el