La lluvia acariciaba los ventanales de la residencia Vólkov con una cadencia suave, casi hipnótica. Era una noche que, para cualquier otra persona, pasaría desapercibida: una noche de té caliente, música tenue, y la ciudad envuelta en sombras.
Pero para Aelin… era un lujo, era como Una tregua. Un respiro entre balas.
Estaba sentada en el sofá del salón principal, con los pies descalzos sobre una manta de lino crudo y el cabello suelto. A su lado, Darian leía en voz baja un informe que había