El aire dentro de Villa Orquídea parecía más pesado que afuera. Cada rincón guardaba silencio, como si las paredes mismas hubieran aprendido a callar secretos. Aelin, Darian y Sasha avanzaban con cautela por los pasillos, alumbrados por la luz tenue que se filtraba entre las cortinas polvorientas. La sensación de ser observados seguía latente.
Aelin sostenía contra su pecho las cartas que había encontrado, pero aún faltaba algo. Sus padres habían mencionado aquella villa como un refugio, un lu