El portón quedó abierto detrás de ellos, crujiendo con un sonido que parecía un lamento. Aelin avanzó lentamente por el camino de piedra cubierto de hojas secas, sus pasos resonaban en aquel silencio roto solo por el viento que hacía temblar las ramas de los árboles.
Darian se mantenía a su lado, firme, con la mirada atenta a cada rincón, mientras Sasha avanzaba unos pasos delante, revisando con la seguridad de quien nunca baja la guardia.
La villa, imponente en medio del abandono, parecía