Miranda había llegado temprano a la casa. El encuentro con Sara en la empresa la había dejado con un malestar difícil de tragar, una insatisfacción áspera que la acompañó todo el camino de regreso. Intentó refugiarse en el taller, pero concentrarse era imposible; cada pensamiento terminaba regresando a esa conversación incómoda.
Al final, dejó las herramientas a un lado y tomó un libro, dispuesta a esperar a que Adrián regresara.
La casa estaba sumida en una calma casi sagrada.
Las luces del pa