El silencio que quedó en la oficina tras la salida de Sara era espeso, casi físico.
Miranda seguía de pie junto al escritorio, con los brazos cruzados, mirando hacia la puerta como si temiera que volviera a abrirse.
Adrián, en cambio, permanecía quieto frente a ella, tratando de descifrar el motivo de aquella tensión que lo envolvía todo.
—No entiendo —dijo finalmente, rompiendo el aire con voz baja—. ¿Qué hacía aquí Sara?
—Eso mismo me pregunto yo —respondió Miranda sin apartar la vista del ve