Entre los brazos de Misael se despertó Sara, sonriente, minutos antes de que sonara su alarma.
—¿Tuviste algún sueño interesante? —le preguntó él.
Sara asintió.
—Soñé que íbamos a la playa y me quedaba sentada en la orilla oyendo el ir y venir de las olas en una tarde muy cálida. Luego llegabas tú y nos íbamos a un hotel, donde seguía oyendo las olas entre nuestros suspiros. Fue un sueño muy agradable.
—Así parece. Ya se me antojó tu sueño, hagámoslo realidad.
—¡¿Se puede?! Se supone que debo q