Sara miraba el teléfono entre sus dedos y al hombre frente a ella. Misael sacó una camiseta del clóset y se la puso.
—¿Hay alguna tv aquí?
—¿Para qué necesitarías algo así con la vista que tienes por la ventana?
—Mi teléfono no tiene acceso a internet.
—Fue una exigencia de la comisión.
Con los labios fruncidos, Sara lanzó el aparato sobre la cama. Rebotó dos veces y quedó justo en el borde.
—Y tú cumples esas exigencias feliz de la vida ¿No?
—¿Qué quieres decir?
—¡Que eres un mentiroso! Que est