—Hola, buenas tardes. Una serpiente mascota escapó, ¿puedo revisar si está por aquí?
—¡Claro! ¡Claro! Pase, por favor. ¿Es grande? He visto que algunos de esos bichos son enormes y aquí hay niños pequeños —dijo la empleada doméstica, dejando entrar a Tom.
Los hombres de Misael se desplegaron por las calles. Se movían bajo la premisa de que el asesino estaría solo o de que podrían sentir el aroma de Sara en los alrededores.
A esas horas, sirvientas, niñeras, guardias o jardineros eran quienes l