Tobías Moreno llevaba treinta y tres años siendo policía, quince de ellos en el cargo de jefe de la unidad de homicidios. Siendo conservador, podía decir que había visto de todo. Había mirado de cerca en el abismo insondable y húmedo que se asomaba por los ojos de las bestias que vivían entre las gentes de bien y escuchado las crudas palabras que escupían los animales que despojaban a otros de su humanidad. Podía describir con amargura los pecados impronunciables que su mente guardaba en un rin