La Jaula de Plata y la Obsesión Silenciosa
El apartamento que Dimitri había escogido para Valentina no era una mazmorra, sino una prisión de lujo, un ático moderno en un rascacielos discreto de Milán, lejos de la influencia y los ojos de la Costa Norte. Era la "Jaula de Plata": paredes de cristal que ofrecían vistas espectaculares de una ciudad que ella no podía tocar, y el interior custodiado por dos hombres de la Bratva, silenciosos como sombras y letales.
Valentina, vestida con ropa que Dimitri había comprado (demasiado cara, demasiado elegante), se movía por el espacio con la furia contenida de una leona enjaulada. Su mente era un campo de batalla: el odio por la traición de su padre, el miedo a la guerra de la Bratva, y la verdad incómoda de que el único hombre que conocía los rincones oscuros de su alma era su actual carcelero.
Dimitri no la tocaba. La tortura era psicológica. Compartían el mismo espacio de forma metódica: él trabajaba en un terminal encriptado en la sala de est