El Peso del Papel y la Lealtad Fracturada
El aire en la modesta casa de la Nana no era de pólvora, sino de revelación. Matteo, el hermano metódico y frío, sostenía el archivo del sótano con la misma incredulidad con la que podría sostener un arma disparada contra su propia familia. Los sellos oficiales, la caligrafía de la Bratva Italiana y los nombres del Clan Yuri eran la prueba irrefutable: Demian Vieri les había mentido a todos durante una década.
Matteo dio una orden seca a sus hombres: llevar los cuerpos de los atacantes Yuri a un lugar seguro para su interrogatorio post-mortem, sin alertar a nadie, especialmente a Alessandro o a la seguridad de la Costa Norte en Milán.
—¿Papá mintió? —murmuró Matteo, dirigiéndose a Valentina, su voz rota por la frialdad en lugar de la emoción.
—No mintió, Matteo. Cubrió —dijo Dimitri, su voz llena de un odio tranquilo—. Cubrió su cobardía para asegurar su paz en la Costa Norte. Y usted, Vieri, es un analista: ¿Cree que esta es una facción derro