Montecristo no era un destino de vacaciones. La isla, parte del archipiélago toscano, era una reserva natural estrictamente protegida, famosa por ser el lugar de la prisión de Edmond Dantès en El Conde de Montecristo. Era remota, rocosa, y su única ley era el aislamiento. La elección de Dimitri era deliberada: un lugar donde solo podrían llegar a través de medios clandestinos y donde el paisaje mismo garantizaba la privacidad y el peligro.
Valentina, asistida por la red de cobertura de sus primas, viajó rápidamente en un yate de alta velocidad falsamente registrado. Tenía el corazón consumido por el miedo por Dimitri, pero anclado en la certeza de que necesitaban ese encuentro para sobrevivir.
Mientras navegaba, analizó la Fractura parcial. Solo una parte de los códigos del Refugio Blanco.
—Si no exponemos la Operación Cronos antes de que Nikolai revele la traición de Matteo, mi mellizo nos destrozará a ambos —murmuró para sí misma.
En la Mansión, Alessandro no dormía. La inept