Dimitri no fue llevado a una mazmorra. Nikolai lo confinó en el Complejo de Seguridad de Roma del Clan Yuri, una instalación moderna y hermética. Su celda era una suite de lujo, insonorizada y con cámaras, el peor tipo de prisión para un hombre que anhelaba la acción.
La tortura de Nikolai era puramente psicológica.
—Un hombre de tu intelecto y ambición atrapado por una mentira tan vieja. Qué irónico, Dimitri —dijo Nikolai, sentado cómodamente frente a Dimitri, con una elegancia que irritaba al Pakhan.
—¿Qué quieres? —preguntó Dimitri, su voz baja y cargada de amenaza.
—Quiero lo mismo que tú: el colapso de la mentira de Demian Vieri. Pero yo lo haré de forma más rentable. Quiero que me entregues la Mappa Fractura completa y me ayudes a desmantelar las finanzas de la Costa Norte —dijo Nikolai.
Dimitri se rió, un sonido áspero. —Nunca te ayudaría a destruir a los Vieri, Nikolai. Mi problema es Demian, no toda la Dinastía.
—Claro. Porque la Princesa Valentina, la melliza, es el único ac