Valentina era ahora una fugitiva, su rostro conocido por las redes de inteligencia de la Costa Norte y las facciones de la Bratva. Permanecer en el motel era imposible; Nikolai no tardaría en rastrearla. Su única opción era contactar a alguien que operara fuera de la lógica y la seguridad estructurada de la Mansión.
Recordó el rostro de Eva y Zoe, sus primas. Las gemelas, reinas del caos social y la distracción mediática, eran expertas en desaparecer a la vista del público. Ellas no preguntarí