Mundo ficciónIniciar sesiónLuna.
Victoria no me comentó nada sobre lo que pasaba entre Alessandro y yo, por mucho que se notara a mil kilómetros. Casi nada. Solo me lo preguntó una vez con esa cara ausente que tenía todo el tiempo, como si estuviera en otra parte.—¿Te gusta?
—¿Eh? — me agarró desprevenida mientras cocinaba, con las manos llenas de harina.
—Alessandro, te gusta.
Dudé y ahí se dio cuenta. Desde el padre de mi hija no había salido con nadie, bastante traumada me dejó ese infeliz. No quería ni pensar en hombres. No quería nada.
Al principio todo era color de rosa: nos embarazamos por no cuidarnos, pero estábamos felices, aunque no teníamos ni a donde caernos muertos. Victoria me ayudó tanto en esos primeros años, creo que hasta dejaba de comprarse cosas para ella porque se aparec&iacu







