Mundo ficciónIniciar sesiónAlessandro.
—No le digas a la señora.
—¿Qué no le diga? ¿Me estás jodiendo, hijo de puta? —apenas podía respirar o quedarme quieto. Me ardía todo por dentro, una furia que me subía desde las bolas hasta la cabeza, me temblaban las piernas, las manos, todo. Andaba de un lado a otro como un loco, pateando sillas que volaban contra la pared. No podía ser él.
Volv







