Mundo ficciónIniciar sesiónAlessandro.
—No le digas a la señora.
—¿Qué no le diga? ¿Me estás jodiendo, hijo de puta? —apenas podía respirar o quedarme quieto. Me ardía todo por dentro, una furia que me subía desde las bolas hasta la cabeza, me temblaban las piernas, las manos, todo. Andaba de un lado a otro como un loco, pateando sillas que volaban contra la pared. No podía ser él.
Volví a la ciudad sin creerlo, sin querer creerlo porque no podía ser. Dejé a Luna cuando estábamos empezando algo por esto así que estaba furioso al cuadrado, a la quinta potencia. ¡Mierda!
Dos horas y media para llegar acá. Dos horas y media pensando que tenía que ser un error, que me habían llamado por nada. Pero no. Ahí estaba él, atado como un perro.
—Me arrepentí, te lo juro Alessandro. Ella







