Sensaciones olvidadas

Alessandro.

Respirar el aire fresco de ese lugar era otra cosa. Parecía que se te metía hasta por los poros y te limpiaba por dentro. Esa casa la compró papá como un regalo de cumpleaños para mamá, cuando éramos chicos, cuando todavía se querían. Pasamos muchas vacaciones de verano allí.

Ahora era una fortaleza para proteger lo único que nos quedaba: la familia. No la Galli, la familia de verdad.

Victoria estaba más tranquila, Isabella también. La hermana, al final, decidió quedarse unos días más. Y sí, me atreví a mirarla. ¿Qué iba a hacer? No puedes solo ignorar a una mujer hermosa cuando la tienes enfrente. Aparece en la cocina a la mañana, aparece en la terraza a la tarde, y cada vez es peor ignorarla.

Pero era solo mirarla, charlar a veces y nada más. A mi cuñada

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