No sabía qué carajo estaba haciendo con Victoria despertándose en mi cama, estirándose como si fuera suya, mirándome con esa sonrisa que me partía la cabeza desde el primer día. Yo parado junto a la ventana fumando porque necesitaba las manos ocupadas, porque si no las mantenía ocupadas iba a volver a tocarla y no iba a parar hasta que gritara mi nombre otra vez.
Llevábamos tres días así y no me acostumbraba. A verla moverse por la casa con más confianza, sin esconderse. A despertarme con su ol