Ya estaba perdiendo la cabeza otra vez. Esa mujer me estaba enfermando de una manera que no tenía sentido, diferente. No era solo deseo, no era solo la obsesión de tenerla. Era algo peor, algo que me empujaba a pensar en cosas que no tenían lugar en mi mundo.
Familia. La palabra me daba vueltas en la cabeza como un disco rayado. Massimo Galli pensando en niños, en desayunos normales, en despertar cada mañana con la misma mujer sin preguntarme si iba a traicionarme en cuanto le diera la espalda.