Mundo ficciónIniciar sesiónLuna.
Por suerte, Isabella llevó a mi hija a caminar por la playa. Solo se ofreció, creo que lo notó en cuanto le vio la cara a Alessandro. No dijo nada, solo tomó la mano de la nena y salieron. Mejor. Así no escuchaba lo que iba a venir.
Volvió el lunes por la mañana, ya eso era raro. Se bajó del coche y ni miró a los hombres de la puerta. Ni un gesto, ni un «qué tal». Nada. Más raro todavía. Los tipos se quedaron mirándolo y después me miraron a mí, como preguntando qué carajo pas







