—¡Massimo, querido! ¡Feliz cumpleaños! —Bianca se acercó y me dio un beso en la mejilla.
—Gracias, Bianca, gracias por venir.
—No me lo perdería por nada.
La casa estaba llena de gente, familias enteras, políticos, la misma basura de siempre, pero en más número. Todos venían a saludar, a dar sus respetos y a tantear qué podían sacarme de más.
Miré el reloj. Llevaba una hora en esto y Victoria no había bajado.
Isabella apareció a mi lado, radiante en su vestido dorado.
—Papá, ¿has visto a Victor