Estuve a nada de decirle que quería cancelar todo. A nada. Pero hablé con mi hermana: el dinero que le envié sirvió para que mi sobrina pudiera hacerse todo el tratamiento dental que necesitaba, para comprarle útiles y libros para el colegio y una mochila de Frozen.
¡Mierda!
Bueno, ¿de qué me quejaba si para eso me había «contratado», no? Y servía, daba frutos. Pagué la renta atrasada y tres meses más por adelantado. Me hice a la idea de que debía pensar así, fría, calculando qué hacer con lo q