Mundo ficciónIniciar sesión—¿Quieres saber de quién está enamorado realmente tu esposo? Aquellas palabras salieron de la boca de Angela, la hermana adoptiva de su marido. Pero las que siguieron fueron las que realmente le hicieron apretar los puños de Katerina. —Dentro de siete noches, en el evento de firma del proyecto Legacy, Jordan me presentará ante su inversionista como su esposa —le aseguró Angela—. Eso te enseñará tu lugar, maldita recogida. —Estás enferma. Eres la hermana de Jordan… —siseó Katerina, pero su “cuñada” solo se rio en respuesta. —Pero no compartimos sangre, y no puedes cambiar lo que él siente. Como no puedes cambiar que él siempre me elegirá a mí antes que a ti —escupió con ese desprecio que siempre le mostraba desde que había vuelto a la familia—. En siete noches, haré que él se deshaga de ti. Katerina cerró los ojos por un segundo, comprendiendo por fin demasiadas cosas, y luego sonrió. Porque solo ella sabía que en siete noches, su marido, su adorada “hermanita” y los prestigiosos Blackwood sabrían por fin quién era ella… y por qué acorralarla era un error.
Leer másCAPÍTULO 1. La sustituta
—¿Quieres saber de quién está enamorado realmente tu esposo?
Aquellas palabras salieron de la boca de Angela, la hermana adoptiva de su marido. Pero las que siguieron fueron las que realmente le hicieron apretar los puños a Katerina.
—Dentro de siete noches, en el evento de firma del proyecto The Legacy, Jordan me presentará ante su inversionista como su esposa —le aseguró Angela—. Eso te enseñará tu lugar, maldita recogida.
—Estás enferma. Eres la hermana de Jordan… —siseó Katerina, pero su “cuñada” solo se rio en respuesta.
—Pero no compartimos sangre, y no puedes cambiar lo que él siente. Como no puedes cambiar que él siempre me elegirá a mí antes que a ti —escupió con ese desprecio que siempre le mostraba desde que había vuelto a la familia—. En siete noches, haré que él se deshaga de ti.
Katerina cerró los ojos por un segundo, comprendiendo por fin demasiadas cosas, y luego sonrió. Porque solo ella sabía que en siete noches, su marido, su adorada “hermanita” y los prestigiosos Blackwood sabrían por fin quién era ella… y por qué acorralarla era un error.
CAPÍTULO 1. La sustituta
Katerina había sido “rescatada” por el magnate Jordan Blackwood. La guerra en Ucrania la había separado de su familia, ella se había quedado en Odessa ayudando con la evacuación de orfanatos, y en medio de eso había conocido a Jordan, que cerraba sus negocios a toda prisa porque los magnates como él no ponían su dinero en países en crisis.
Jordan era asquerosamente rico, más hermético que la bóveda de un banco suizo y la clase de hombre que provocaba un silencio respetuoso donde quiera que entraba, sin necesidad de hablar. Le había propuesto matrimonio para sacarla del país, como el favor que le hace un hombre poderoso a una mujer desvalida.
Y ella había aceptado porque se había enamorado como una tonta, y como una tonta había creído que su amor bastaba para conquistarlo.
Pero todo se había derrumbado solo unos días antes, cuando la hermana adoptiva de Jordan, Angela Blackwood, había regresado a Nueva York después de cinco años viviendo en Inglaterra. Desde entonces su vida se había convertido en un pequeño infierno con pestañas postizas y tacones Louboutin.
“Esa mujer no tiene nada de clase”
“¿Cómo te dejaste colar a una arrimada, mamá?”
Y la peor de todas:
“Menos mal que Jordan no la presenta en público”.
Katerina había escuchado todo eso en los últimos días, y creía que no había nada peor que el desprecio de su suegra y su cuñada… hasta que escuchó la verdad completa mientras cuchicheaban fumando en la terraza.
—¿Estás segura de que esta vez vienes dispuesta a todo? —preguntaba Jasmine.
—Por supuesto que sí, mamá —respondía Angela—. Jordan me mandó a Inglaterra hace cinco años porque papá es un moralista de mierd@ y Jordan no quería reconocer frente a él lo que sentía por mí. ¡Pero Jordan me ama! ¿O qué crees que es la recogida esa que trajo de Ucrania?
—Una sustituta —se río su suegra y esa palabra hizo que Katerina se tambaleara.
“No…. no puede ser…” pensó mientras el pecho se le apretaba y los ojos se le llenaban de lágrimas.
—Katerina solo es tu sustituta. Jordan se casó con ella para llenar el vacío que tú dejaste, pero ahora que estás de regreso, lo primero es sacarla de esta casa —espetó su suegra—. ¡Ya no soporto tenerla aquí!
—Entonces voy a demostrarle que Jordan siempre va a elegirme a mí primero —siseó Angela y Katerina se alejó de aquel lugar con el corazón cayéndose a pedazos.
Desde el primer día Jasmine Blackwood la miraba como si fuera un huevo de codorniz colado en su caviar. La llamaba "recogida", "mantenida", "arrimada"… pero nunca lo hacía delante de su hijo; frente a Jordan era un modelo de educación y amabilidad.
Katerina se tambaleó contra la reja que dividía las dos mansiones. En una vivían sus suegros, en la otra ella con Jordan. “Cerca, pero no revueltos”.
—¿Kat, estás es casa? —escuchó apenas cruzó la puerta de la cocina, y por primera vez desde que había conocido a su esposo, no le sonrió automáticamente.
Jordan dejó la maleta en una butaca, la abrazó por la espalda y le dejó un beso en la mejilla. Pero en la mente de Katerina, solo había esas palabras:
“Una sustituta”
“Katerina solo es tu sustituta”
“Jordan se casó con ella para llenar el vacío que tú dejaste”.
—¿Lista para la cena en casa de mi madre? —preguntó él, sacándola de sus pensamientos—. Es la celebración oficial por el regreso de Angela, toda la familia estará ahí.
—Creí que tenías mucho trabajo con el proyecto del rascacielos —murmuró Katerina tratando de contener el temblor en su voz.
—Sí, pero salí temprano de la oficina. Enseguida me arreglo y nos vamos.
Jordan pasó a su lado para meterse al baño y ella sintió como si la apuñalara. Era la quinta vez en todo su matrimonio que él salía temprano de la oficina… los mismos cinco días que Angela llevaba en el país.
—No puede ser… —murmuró mientras una ola de dolor y rabia le surcaba el pecho—. No puede ser…
El hombre que no había podido salir temprano por su cumpleaños o su primer aniversario, llevaba cinco días saliendo temprano solo para compartir más con su “hermana adoptiva”.
En ese momento la puerta de cristal se abrió y Angela entró con expresión de triunfo.
—¿Jordan ya llegó? —preguntó pasando junto a Katerina como si fuera la empleada doméstica—. Vine a darle las gracias por el regalo de bienvenida que me hizo.
Sacudió la mano con suavidad y Katerina se quedó muda al ver la pulsera en su mano.
—¿Eso es…?
—¡Ah, es una pulsera de parejas! —sonrió Angela.
Y Katerina sabía perfectamente lo que era porque ella misma había puesto el folleto sobre el escritorio de Jordan. Él le había preguntado qué quería por su aniversario, ella le había enseñado aquellas pulseras a juego: Oro blanco, orfebrería fina, y un sello grabado en un chip digital; cuando tocabas uno, el sello en la otra pulsera se iluminaba.
¡Era su maldit@ pulsera para parejas!
—Jordan y yo íbamos a comprar eso por nuestro aniversario.
—Pero no te lo compró, ¿verdad? —siseó Angela—. Te regaló otra joya común, porque hay cosas que solo son para las parejas de verdad. Y tú solo eres la obra de caridad de Jordan, no su esposa real.
En ese momento Jordan llegó a la sala con el cabello húmedo y abotonándose la camisa.
—¡Cariño, gracias! —exclamó Angela colgándose de su cuello y besándolo en la mejilla—. ¡Me encantó la pulsera que me regalaste!
Jordan miró la pulsera con curiosidad y luego a la cajita que Angela sacaba.
—¡Mira, te compré la que hace juego! —Le puso la pulsera a Jordan y tocó el sello de la suya para que la de él se iluminara—. Ahora siempre vas a saber cuándo estoy pensando en ti.
—Eran las más bonitas del catálogo —sonrió Jordan y Katerina sintió otra cuchillada.
—Y son para parejas —escupió, haciendo que Jordan levantara la cabeza hacia ella, como si recién se diera cuenta de que estaba allí—. Te las pedí por nuestro aniversario. No las encargaste.
Por un segundo Jordan pareció recordar, y luego frunció el ceño.
—Lo siento, mi asistente es la que se encargó del regalo de aniversario…
—Tu asistente se encargó del regalo de tu esposa, pero el de tu hermana lo compraste personalmente —sentenció Katerina con el pecho apretado, y Angela se adelantó de inmediato.
—Por favor, no saques esto de contexto. Jordan solo quiso tener un detalle lindo conmigo, ¡somos familia!
—Creí que yo también lo era.
—¡Entonces quédate con la mía! —exclamó Angela con los ojos brillantes—. Jordan, no quiero que tengas problemas por mi culpa, si tu esposa quiere la mía, yo se al doy.
Pero él la detuvo antes de que se la quitara.
—No tienes que darle nada. Kat está exagerando. No vamos a arruinar la celebración por unas pulseras —suspiró con fastidio—. Kat, mejor ver a cambiarte, voy a saludar a mi padre antes de la cena.
Y mientras él salía, Angela volvió a acercarse a ella, dejando caer la máscara por completo.
—Tienes una semana para firmar el divorcio y largarte por las buenas. O vas a conocerme por las malas.
CAPÍTULO 9. Esta noche se termina todo.Angela se llevó la mano al cuello como si tratara de defender su alma. Los ojos de Katerina echaban chispas; por primera en mucho tiempo estaba perdiendo el control y no le importaba en absoluto.—¡Katya… no sé de qué hablas…!—¡Sabes perfectamente de qué hablo! Ese collar era de mi abuela, es lo más valioso que me heredó! ¡Quítatelo, ahora! —exclamó con autoridad.Un segundo después Jordan se acercaba a ellas, impaciente por la hora, y la señora Jasmine se adelantó lista para pelear.—¡¿Qué le estás haciendo a mi hija?! —gritó, y Katerina la miró como si fuera un insecto.—¡Tu hija está usando el collar de mi abuela sin mi consentimiento! —siseó entre dientes.—¡Eso no es cierto! Yo le di ese collar para que lo usara a juego con su vestido —replicó Jasmine con altanería.—¡No me cuentes! ¿Tenías un diamante morado escondido con el resto de tus joyas falsas? —escupió Katerina—. ¡No le diste nada porque no es tu collar, y si lo tenías fue porque
CAPÍTULO 8. Una noche para decir adiós.—Considéralo hecho —siseó Angela tomando la carpeta—. Nada me dará más gusto que echarte de esta casa, además supongo que ya te diste cuenta de lo que eres para Jordan, ¿verdad? La perra callejera a la que le puso techo y comida, comprado por él, pagado por él… Me alegro de que te lo haya recordado.Katerina no pudo evitar que las lágrimas subieran a sus ojos, pero no le dio el gusto de quebrarse frente a ella.—Yo también me alegro —sentenció.Diez minutos después veía a su suegra salir por la puerta lateral todavía renegando y quejándose, pero cargada con cinco bolsas de vestidos que Jordan alguna vez le había comprado. Ahora Angela podía reclamarlos cuando quisiera.Luego vio a Jordan salir del cuarto furioso y plantarse frente a ella, aflojándose la corbata con molestia.—¡Esto se está saliendo de control, Katerina! —espetó—. ¡No puedes hablarle así a mi hermana!Pero pronto se dio cuenta que de su esposa no estaba dispuesta a aceptar el reg
CAPÍTULO 7. Dos noches para decir adiós.Katerina no volvió a levantarse hasta la tarde. Le dolía el cuerpo, pero el corazón le dolía un poco más.Había confundido comodidad con pareja. Posesión con amor. Casa con hogar.Jordan no la amaba, le gustaba tenerla, le gustaba haberla salvado, le gustaba la rutina de hombre de familia con esposa en casa. Pero era una esposa a la que no estaba dispuesto a escuchar, a la que no defendía. Y eso no era amor.Katerina caminó hasta el comedor, pero no tiró a la basura el contrato de divorcio. En lugar de eso lo firmó ella primero y luego se sentó con las piernas recogidas y un café antes de marcar un número.—Tío, me voy a divorciar. ¿En cuánto tiempo puedes tenerlo listo cuando consiga la firma? —preguntó, y del otro lado le respondió la voz de un hombre mayor, que todavía parecía tener el humor de un niño.“Puedo tenerlo listo en tres horas, formalizado, oficializado y con sellos… incluso sin la firma”.—Lo sé, pero quiero conseguirla yo —repli
CAPÍTULO 6. Tres noches para decir adiós.—Solo por esta vez —gruñó Jordan entre dientes, levantándose de nuevo para mirar a Katerina, pero nada de lo que pudiera decir después, ni justificaciones ni compensaciones, podían cambiar el hecho de que había elegido. Y no la había elegido a ella—. Kat, ahora tengo que salvar el proyecto, esto solo es un error… una formalidad.—No, es una elección, Jordan —murmuró Katerina con voz dura.—Por favor, entiéndeme.—No eres pobre ni tu empresa irá a la ruina por una simple corrección de nombres y asistentes. No me estás pidiendo que te entienda, me estás pidiendo que me calle para mantener tu conciencia tranquila.—¡Pues callarse es lo que hace una buena esposa! —escupió Jasmine con tono venenoso—. Mi hijo te dio su apellido, su protección, su techo, lo menos que puedes hacer es aprender tu lugar.—¡Mamá, cállate! —le gritó Jordan, y estaba más pálido él por escuchar eso que Katerina.—Vaya, suegrita, al fin se atrevió a decir delante de su hijo





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