MATTHEW GRAYSON
Me quedé encerrado en mi habitación, dejando que Julia y su familia tan extraña se reencontraran. Me dolía ver que no era parte de su mundo, pero más me dolía saber que jamás me vería con la misma alegría que a Santiago.
De pronto alguien tocó a la puerta, haciendo que me levantara sobresaltado. Aunque estaba en mi propia casa, no sabía qué esperar después de todo lo sucedido. Caminé descalzo por la alfombra y muy dentro de mí esperaba que fuera Julia quien estuviera del otro lado de la puerta, deseando pasar, hablar, queriendo dormir en mi cama, conmigo, pero cuando abrí la puerta me encontré con Rita.
No me pasó desapercibido su atuendo. Un camisón escotado y corto. La niña que había acogido junto a su hermano ya era una mujer de curvas suaves y músculos firmes. Tenía la apariencia de un ángel, aunque peleaba como un demonio.
—¿Rita? ¿Qué haces? —pregunté con el ceño fruncido y bloqueando la puerta con mi cuerpo.
—No podía dormir —respondió encogiéndose de hombro