MATTHEW GRAYSON
—¡Mira, maricón de mierda! —Lo señalé con el dedo y entonces comenzó a reír a carcajadas.
—Es curioso, desde que conocí a Alex mi interés en los hombres se disolvió, como si jamás hubiera existido, hasta que nos reencontramos, picarón —respondió con una sonrisa maliciosa—. Como que, entre más te enojas, más me dan ganas de jotear. Creo que no es atracción, solo ganas de estarte chingando.
—Juro que te voy a partir la cara si siguen jodiendo —sentencié con los dientes apretados, conteniendo mis ganas de agarrarlo a golpes.
—Si estás tan seguro de tu sexualidad, mis bromas no deberían de molestarte, tal vez en el fondo quieres ser parte de mi harén, pero aún te rehúsas a aceptarlo —agregó saliendo de la cama y estirándose hasta lograr que su columna tronara.
—¿Siempre eres tan molesto? —pregunté ahogándome con la rabia que se me había juntado en el pecho.
—La mayoría de las veces —contestó tomando con seriedad mi pregunta—. Es que también tú pones las cosas muy fác