MATTHEW GRAYSON
—¡Mira, maricón de mierda! —Lo señalé con el dedo y entonces comenzó a reír a carcajadas.
—Es curioso, desde que conocí a Alex mi interés en los hombres se disolvió, como si jamás hubiera existido, hasta que nos reencontramos, picarón —respondió con una sonrisa maliciosa—. Como que, entre más te enojas, más me dan ganas de jotear. Creo que no es atracción, solo ganas de estarte chingando.
—Juro que te voy a partir la cara si siguen jodiendo —sentencié con los dientes apretados