SANTIAGO CASTAÑEDA
—Alex… ¿qué ocurre? —pregunté angustiado, tomando su rostro entre mis manos mientras ella comenzaba a llorar—. ¿Estás bien? ¿Qué pasa?
—Lo siento… —susurró cerrando los ojos con fuerza y apretando los labios—. Es mi culpa, tuve que saber que esto pasaría. Tuve que cuidarme…
—¿De qué estás hablando? —Con cada palabra que decía, yo me angustiaba cada vez más. ¿Estaba enferma? ¿Tenía algo terminal? Me senté a su lado antes de cargarla y apoyarla en mi regazo como si fuera mi beb