SANTIAGO CASTAÑEDA
El vacío es más pesado de lo que muchos creen, y el de mi pecho se estaba volviendo insoportable, cada día me costaba más sostener la sonrisa y mantener mi actitud arrogante y burlona. Cada vez era más doloroso permanecer de pie aunque me estaba muriendo por dentro. Los pensamientos suicidas se volvían más frecuentes, más insistentes, como la gota que cae constante sobre la roca hasta quebrarla.
Debo de admitir que Julia fue un rayito de esperanza, una pizca de color. Me sent