Lo único que deseo es que vuelvas a mí p2.
Por Val Soré
Despierto entre las mullidas sábanas de la habitación en la que me encuentro, con unas manos gigantes que me sostienen de la cintura y un dolor de cabeza de la puta madre.
¡Dios santo! ¿Qué mierda he hecho?
Veo al hombre que está de costado, con una incipiente erección y los recuerdos de la noche que pasamos vuelven a mi cabeza.
Tomo mis cosas y me visto rápidamente, necesito salir de aquí, como la vil rata rastrera y traidora que soy.
«Es