Engañada por el Millonario

Engañada por el MillonarioES

Isabella Rossi  En proceso
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Resumen
Índice

Alessandro Ferrari se había obsesionado con Leticia, aun sabiendo que estaba a punto de casarse. La persiguió de un modo incansable hasta que ella sucumbió a sus encantos llevándola a cometer traición. Aun así, Leticia siguió con sus planes de matrimonio y Alessandro no lo podía creer. A pesar de que era extremadamente rico, poderoso y atractivo, ella no lo escogió a él. Furioso, fue a la iglesia para comprobar con sus propios ojos que había perdido, siendo testigo de la boda de la mujer que quería para él. En ese instante se había jurado que algún día ella sería suya y le haría probar en carne propia el desprecio que él experimentó. Cinco años después, encontró la oportunidad perfecta para cobrarse aquel trago amargo. Sin embargo, las cosas no resultarían para nada como ambos esperaban y Leticia debía tomar una importante decisión: seis meses fingiendo ser la perfecta prometida de Alessandro o su padre iría a la cárcel. Lo que ella no sabía, era que todo había sido un engaño para ocultar su propio pasado.

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37 chapters
SINOPSIS
Alessandro Ferrari se había obsesionado con Leticia, aun sabiendo que estaba a punto de casarse. La persiguió de un modo incansable hasta que ella sucumbió a sus encantos llevándola a cometer traición. Aun así, Leticia siguió con sus planes de matrimonio y Alessandro no lo podía creer. A pesar de que era extremadamente rico, poderoso y atractivo, ella no lo escogió a él. Furioso, fue a la iglesia para comprobar con sus propios ojos que había perdido, siendo testigo de la boda de la mujer que quería para él. En ese instante se había jurado que algún día ella sería suya y le haría probar en carne propia el desprecio que él experimentó. Cinco años después, encontró la oportunidad perfecta para cobrarse aquel trago amargo. Sin embargo, las cosas no resultarían para nada como ambos esperaban y Leticia debía tomar una importante decisión: seis meses fingiendo ser la perfecta prometida de Alessandro o su padre iría a la cárcel.
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CAPITULO 1
LETICIA ROIGMADRID, AÑO 2015Había salido con prisas de casa para llegar a tiempo a la tienda donde había encargado todo el ajuar de mi boda. Mi mejor amiga, Sara, prácticamente corría detrás de mí mientras caminaba a paso apresurado sobre la acera de la avenida principal.Faltaban menos de dos meses para mi boda con Luis y yo aún no tenía nada organizado, ya que a mi madre no le agradaba en absoluto la idea de que me casara tan joven y tenía la esperanza de que cambiara de opinión. Sin embargo, aquello era lo más improbable del mundo.Por algún motivo, me había quitado el anillo de compromiso ese día y lo dejé guardado en el pequeño joyero que tenía en mi mesa de noche.—¡Joder! —maldije en voz alta al darme cuenta que olvidé ponérmelo antes de salir.—¿Qué sucede? —inquirió Sara, trotando unos metros para alcanzarme—. ¡Ya para, niña! Que me dará un patatús con tu corredera… ¡Ni que te fueras a casar mañana!—Olvidé mi anillo en casa.—¿Y? Ni que Luis estuviera fiscalizando tu mano
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CAPITULO 2
LETICIA ROIGLos días siguientes fueron una tortura con el acoso sutil de Alessandro Ferrari, quien resultó ser nada más y nada menos, el dueño de la cadena de Hoteles cinco estrellas Ferrari.Mis padres estaban encantados y Luis estaba de viaje por lo que no me quedaba más remedio que tolerar su presencia en casa todas las veces que se le antojaba.A diario llegaban flores a casa y cada ramo iba acompañado de una tarjeta en la que simplemente aparecía la inicial A. hubieron invitaciones a cenar que por supuesto rechacé.Sin embargo, al tener a mi madre de cómplice, no pude evitar compartir unas cuantas comidas con él, en el restaurante de su hotel.A medida que pasaban los días, era como si Alessandro ya hubiera ensamblado su entrada a mi familia y a mi vida con una espectacular eficiencia y velocidad. Mi padre era dueño de pequeños hoteles situados en Madrid, Barcelona y otros puntos turísticos del país, pero estaba atravesando una crisis financiera fuerte y la desesperación de a po
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CAPITULO 3
LETICIA ROIGHorrorizada con lo que había pasado, llegué a casa devastada, sintiéndome una cualquiera, una mujer sin moral y sin palabra.Había pasado la noche llorando y pensando en todas las palabras tan acertadas de Alessandro, porque tenía razón: él me gustaba de un modo incomprensible, de una manera en la que nunca nadie me había gustado. Ni siquiera Luis, quien era mi mejor amigo.Ya al amanecer, decidí que después de tantas dudas, de tantos sentimientos encontrados, debía decírselo todo a mi prometido y terminar con mi compromiso. No podía seguir con la boda si mis sentimientos estaban tan revueltos.Cuando llegó a casa esa tarde, le pedí que subiera a mi alcoba porque debíamos conversar seriamente.—Me estás asustando, Leticia. ¿Qué sucede? ¿Estuviste llorando?—Luis… yo… yo no puedo casarme contigo —murmuré, rompiendo a llorar.—¡¿Qué?! —me tomó de los hombros y me guio hasta el borde de la cama para que nos sentáramos uno al lado del otro. Yo no podía dejar de llorar—. Falta
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CAPITULO 4
ALESSANDRO FERRARI CERDEÑA AÑO 2020 La usual sonrisa despreocupada que siempre me caracterizaba, desapareció por completo cuando el implacable Lucca Greco, padre de mi mejor amigo y socio comercial de mi progenitor, mencionó aquel maldito nombre. «Leticia, Leticia, Leticia…» Retumbaba en mi cabeza mientras el padre de Giulio me hacía una oferta que fui incapaz de rechazar. —Entonces… —entrelazó sus dedos y me vio saboreando de antemano su triunfo—. ¿Escogerás mi oferta o tu lealtad como amigo? El viejo me estaba probando. Quería que envolviera en una pequeña trampa a Julián, a fin de que por fin tomara una buena decisión y sentara cabeza con Luciana, y, aunque me sentía fatal por lo que ya había escogido, estaba seguro que mi amigo lo entendería. Me había puesto de pie y recorrí su despacho, pensando en la posibilidad que me estaba dando. —Sería un completo idiota si no aceptara tu oferta. —Tenemos un trato —zanjó. Me giré y vi por el rabillo cierto atisbo de decepción. Sin
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CAPITULO 5
LETICIAMe estremecí con violencia, mientras la imagen del hombre que susurraba mi nombre, resurgió como un huracán en mi mente.Me quedé petrificada. Mi lengua se entumeció y no pude más que recrear aquel fatídico y sensual momento en el sofá de su suite. Me había corrompido, me había arruinado para siempre y lo había expulsado de mi vida sin que siquiera lo sospechara.—Leticia, ¿sigues ahí?Su insistencia me devolvió a la realidad y cerré la puerta tras de mí. Mi padre, ebrio de nuevo, dormía en el sofá de mi pequeño piso. No quería despertarlo y menos que oyera el apellido Ferrari.Su voz profunda, gruesa y espesa como la miel, no había cambiado con los años.Siempre me había encantado como pronunciaba mi nombre, aunque jamás lo asumí. Hace cinco años que no lo escuchaba, pero podía reconocerlo al instante.Entonces, el horror sobresalió y pasé de la sorpresa a preguntarme aterrada a qué me estaba llamando. La garganta se me cerró y apenas pude responder.—Sí… —oí un suspiro fuer
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CAPITULO 6
LETICIAHabía sido un completo error mirarlo a los ojos. Su mirada me impactó tanto como hace cinco años. Sentí aquella misma sensación indescriptible que en aquel tiempo y todo él ejercía una especie de atracción mortal para mí.Comenzó a dar algunos pasos a mi alrededor, perturbándome con su movimiento sensual. Parecía un depredador al acecho, estudiando cada rasgo y movimiento de su presa. Tragué saliva y me relamí la boca cuando sentí un magnetismo en mi espalda. Tenía la garganta seca y me costaba respirar.Cuando volvió a situarse delante de mí, mi mirada recorrió su rostro angelical, deteniéndose justo en aquellos magnánimos ojos impasibles de un tono celeste brillante. Aturdida, sacudí la cabeza mentalmente y el ambiente se me hizo insoportable.—¿Qué quieres? —pregunté directamente. Deseaba largarme de ese sitio que me sofocaba.—Es mejor que te pongas cómoda, ¿por qué no te sientas? —señaló aquel sofá y me ruboricé. Él sonrió victorioso por haberme incomodado.—No veo para q
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CAPITULO 7
ALESSANDROVolví a sentirme vivo cuando el cuerpo de Leticia pereció con mi cercanía.¡Mi Dios! Ella… ella simplemente me volvía loco y no encontraba otro remedio para mi locura más que tenerla.Cuando pensé que su voluntad al fin se doblegaría como lo hacía su cuerpo, esa endiablada mujer replicó a mi oído lo siguiente:—Nunca seré tuya, Alessandro. Olvídate del asunto…En ese instante, fui preso de la furia y me sentí impotente. ¿Cómo podía seguir rechazándome?—¿Cuándo aceptarás lo que sientes por mí? —pregunté con desespero, frunciendo la mirada—. ¿Acaso ya olvidaste lo que ocurrió aquí? Puedo apostar que te enamoraste en aquel tiempo, Leticia, pero te empeñas en negarlo —insistí, rozando mi nariz con la suya.—Solo fue un momento de arrebato, Alessandro. Me ganó la lujuria, nada más. —zanjó el asunto y suspiré.Leticia no se rendiría, pero yo tampoco.—Ya veo… —musité, soltándola despacio.Ella se sacudió y trató de tomar su abrigo para marcharse.—Es mejor que te sientes —advert
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CAPITULO 8
LETICIANo necesité que me exigiera dos veces que me marchara, sino más bien lo agradecí porque su cercanía me estaba matando.Salí de la suite a toda prisa y mientras aguardaba por el elevador, cerré los ojos y respiré lenta y profundamente.Alessandro seguía provocando en mí un torbellino de emociones al igual que en el pasado, a pesar de ser dos polos completamente opuestos. Sin embargo, en un determinado momento sentí unas enormes ganas de abrazarlo por aquella inquietante sensación de haberle hecho daño.¿Qué me estaba pasando? ¿Por qué siempre que lo tengo cerca me abruma un sinfín de emociones?Cuando estaba con Alessandro no me reconocía a mí misma.Siempre había sido así…Éramos diferentes en todos los sentidos, pero por un momento... por un extraño e inquietante momento, reconocí aquella inexplicable sensación de hace años que me embargaba y quemaba mis entrañas.Como una autómata y sin ser consiente de mis movimientos, llegué hasta el coche y me metí dentro, dejando caer la
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CAPITULO 9
LETICIAHice que el coche me esperara una hora, mientras armé a desgana el equipaje como si fuera que iría rumbo a la horca, en tanto en mi cabeza retumbaban las palabras: ¿Por qué has aceptado?Cuando creí que fue suficiente la espera, fui al cuarto de papá para despedirme, pero estaba profundamente dormido. Le dejé una nota, donde explicaba que tenía un viaje por trabajo y que regresaría en breve. Tenía la esperanza que Alessandro cumpliera su palabra y se ocupara de que papá fuera al centro de rehabilitación.Un elegante hombre de traje negro, esperaba impaciente al lado de una limusina color plata.—Gracias al cielo… —lo oí murmurar cuando me subí a la parte trasera y me sentí mal por él. Seguramente, Alessandro tomaría represalias con él por mi absurdo capricho de provocarlo. Después de todo, ya era mi dueño y ¿qué ganaría con hacerlo enojar?La limusina se fue acercando al hotel y con cada segundo que pasaba, la tensión fue creciendo en mi interior por la incertidumbre de lo que
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