LETICIA
No necesité que me exigiera dos veces que me marchara, sino más bien lo agradecí porque su cercanía me estaba matando.
Salí de la suite a toda prisa y mientras aguardaba por el elevador, cerré los ojos y respiré lenta y profundamente.
Alessandro seguía provocando en mí un torbellino de emociones al igual que en el pasado, a pesar de ser dos polos completamente opuestos. Sin embargo, en un determinado momento sentí unas enormes ganas de abrazarlo por aquella inquietante sensación de habe