ALESSANDRO
Volví a sentirme vivo cuando el cuerpo de Leticia pereció con mi cercanía.
¡Mi Dios! Ella… ella simplemente me volvía loco y no encontraba otro remedio para mi locura más que tenerla.
Cuando pensé que su voluntad al fin se doblegaría como lo hacía su cuerpo, esa endiablada mujer replicó a mi oído lo siguiente:
—Nunca seré tuya, Alessandro. Olvídate del asunto…
En ese instante, fui preso de la furia y me sentí impotente. ¿Cómo podía seguir rechazándome?
—¿Cuándo aceptarás lo que sient