LETICIA
—¡No es asunto tuyo! —repliqué con rabia—. Además, anoche quise conversar contigo sobre mi matrimonio y no quisiste escucharme. Es evidente que no soy la única que confía más en la palabra de Leah —reproché con sarcasmo—. ¿Por qué no vas a pedirle el maldito informe y te enteras de todo por ti mismo?
—Si tú no estás dispuesta a hablar, no dudes en que iré a pedírselo —replicó de mala gana y añadió con rabia—: Si es verdad... ¡temo que no seré responsable de mis actos! Pero, primero, baj