ALESSANDRO
Enterarme que Leticia no tuvo la intención de casarse por todo lo que ocurrió entre nosotros, me había llenado de cierta paz y calmado toda la rabia que guardé hacia ella en los últimos años. Por lo que decía, vivió una vida miserable, bajo aquel vil chantaje al que la sometió Luis, porque, aunque estuviera enfermo, era un acto egoísta lo que había hecho.
—Soy tan tonta… —se reprendió Leticia a sí misma—. No quise aceptar todo lo que sentía por ti…
—No es tu culpa; eras muy joven y y