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El Día Que Me Fui, Florecieron Las Flores.

El Día Que Me Fui, Florecieron Las Flores.

Tras ocho años de matrimonio, por fin estaba embarazada del bebé de Claude. Era mi sexto intento de fecundación in vitro, y la última oportunidad. Los médicos dijeron que mi cuerpo no aguantaría más. Llena de alegría, me preparaba para darle la noticia. Pero una semana antes de nuestro aniversario, recibí una foto anónima. En ella, él inclinaba la cabeza para besar el vientre embarazado de otra mujer. Esa mujer era su amiga de la infancia. La que había crecido con su familia. Dulce, obediente, la nuera ideal que siempre supo complacer a los mayores. Lo más ridículo era que toda su familia conocía la existencia de ese bebé. Solo yo era la única tratada como un chiste. Resultó que el matrimonio que había sostenido con el alma llena de cicatrices no era más que una mentira cuidadosamente tejida por ellos. ¡BASTA! Ya no quería a Claude. Mi bebé no nacería entre mentiras. Pensando en esto, reservé un boleto de avión para irme, justo el día de nuestro octavo aniversario. Ese día, él debería haberme acompañado a ver el mar de rosas; una promesa que me había hecho antes de casarnos: me regalaría un mar de flores solo para mí. Pero nunca imaginé que, en cambio, lo vería besando apasionadamente a su amiga embarazada justo frente al jardín de rosas. Cuando me fui, él comenzó a buscarme por todo el mundo. —No te vayas, ¿de acuerdo? —suplicó— Me equivoqué. Por favor, quédate. Plantó las rosas más hermosas del mundo en aquel jardín, como si al fin hubiera recordado la promesa que me había hecho. Pero yo ya no la necesitaba.
Cuento corto · Romance
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Divorciarme junto con mi hermana gemela

Divorciarme junto con mi hermana gemela

Me casé al mismo tiempo que mi hermana gemela con los hermanos gemelos de una familia mafiosa. Ella se casó con Leo, el mayor, un juez federal, mientras que yo me casé con Sam, el menor, un cirujano. Cuando estaba hospitalizada para cuidar mi embarazo, unos secuestradores me raptaron para pedir rescate. Usaron mi celular para llamar a mi esposo Sam… ¡treinta y dos veces! Y él rechazó todas y cada una de las llamadas. Enfurecido, el secuestrador me golpeó el vientre con un bate de béisbol para desquitarse. Yo traté de proteger a mi bebé… pero, aun así, lo perdí. La última vez que llamaron a Sam, él contestó furioso y gritó: —¡Ana casi pierde al bebé! Solo la acompañé a un chequeo, ¿puedes dejar de intentar llamar mi atención? Al ver que no conseguiría el rescate, el secuestrador me amarró de pies y manos y me arrojó a la alberca antes de huir. Cuando estaba a punto de morir ahogada, mi hermana llegó a salvarme. Al verme así, sangrando y al borde de la muerte, llamó de inmediato a su esposo, el juez. Pero lo único que recibió fue un mensaje de voz frío y distante: —Estoy castigando al culpable de que Ana casi perdiera a su bebé. No me molestes. Cuando intentó llamar a la policía, su celular ya no tenía batería. No tuvo más remedio que llevarme en coche. Pero, en el camino, cayó una tormenta de nieve, hubo un deslizamiento de tierra y el auto se averió, por lo que quedamos atrapadas en la montaña, temblando de frío dentro del coche. Por suerte, un guardabosques nos encontró justo a tiempo, evitando que muriésemos congeladas. Cuando desperté en el hospital, mi hermana y yo nos miramos y dijimos al mismo tiempo: —¡Tenemos que divorciarnos!
Cuento corto · Mafia
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Nunca seremos nosotros

Nunca seremos nosotros

La víspera de la boda, mi novio le envió un mensaje a su antiguo amor. —Eres la única con la que siempre soñé casarme. La boda se acercaba, mientras yo lo veía correr de un lado a otro, organizando todo según los gustos de su amante. Viendo esto, me dejé llevar. Porque ni la boda ni él ya no significaban nada para mí.
Cuento corto · Romance
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Mi Madre Salvó a Mi Gemela y Me Dejó Morir

Mi Madre Salvó a Mi Gemela y Me Dejó Morir

En nuestro pueblo había una vieja costumbre. Cuando una familia tenía gemelas, la mayor debía recibir el castigo para que la menor aprendiera al verla sufrir. Solo así, decían, podían educarlas bien y lograr que ambas crecieran sanas y salvas. Yo nací cuatro minutos antes que Anita Rojas, mi hermana, así que me tocó servir de escarmiento. Cuando ella se escapó para nadar en el río, mamá no la reprendió. En cambio, me sujetó de la cabeza y me hundió una y otra vez en el agua. Solo me soltó cuando Anita, aterrada y entre lágrimas, prometió que nunca volvería al río. Otra vez, Anita se olvidó de poner a cocer la pasta. Cuando mamá regresó del trabajo y vio que seguía cruda, me puso un plato delante. —Cómetela toda. No dejes nada. La pasta cruda me lastimó la boca hasta hacerme sangrar. Durante todo ese tiempo, mamá no apartó la vista de Anita. Cuando por fin la vio llorar, retiró el plato, satisfecha. Durante dieciséis años, serví de escarmiento. Hasta que una alerta roja por huracán obligó a evacuar todo el pueblo en plena noche. Anita, que se había quedado pasando el rato con sus compañeros hasta muy tarde, regresó empapada y sonriente, como si nada hubiera pasado.
Cuento corto · Drama Realista
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Noches de Escarlata

Noches de Escarlata

Mary Ishakov ❤️
"Yo vi al demonio y me enamoré de ella". El pueblo de Asfard ha estado a la sombra de un terrible asesino, quitando la paz de los habitantes. El agente Ferreyra decide darle caza a este psicópata descubriendo que está en un laberinto sin salida. Una mujer misteriosa y quizás un nuevo amor será la pista para llegar al infierno
Misterio/Thriller
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Renací para Recuperar Mi Nombre

Renací para Recuperar Mi Nombre

Me echaron de la empresa y regresé a mi pueblo. Todos los días acompañaba a mi abuelita, Elena Olvera, a jugar al dominó. Hasta que de pronto, toda mi familia se volvió loca, buscándome por todas partes. Y todo, solo porque la estrella del diseño de joyas de la familia, mi hermana menor, Ariadna Reyes, ya no había podido dibujar ni un solo boceto desde que yo me fui. En mi vida pasada, durante el Concurso Nacional de Diseño de Joyería, Ariadna siempre lograba presentar un diseño exactamente igual al mío antes que yo. Todos pensaban que yo era la que copiaba. Incluso mi propia familia salió a defenderla y a declarar en su favor. La empresa también decidió que yo carecía de ética profesional, que había plagiado sus diseños y que había dañado la reputación de la marca. En el acto me despidieron y me exigieron pagar una indemnización enorme. Mi familia, viéndome como un estorbo, me echó de la casa. Bajo el peso de la opinión pública y de la traición de mi propia sangre, me hundí en una depresión. Un día, mientras caminaba por la calle, un fan tóxico de Ariadna me atropelló y morí. Antes de que mi conciencia se desvaneciera, nunca llegué a entender por qué Ariadna siempre podía adelantarse y dibujar un diseño exactamente igual al mío. Cuando volví a abrir los ojos, ya había regresado al día anterior al Concurso Nacional de Diseño de Joyería.
Cuento corto · Drama Realista
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La Verdadera Luna

La Verdadera Luna

Mi hija de cinco años estaba siendo acosada en la escuela, y el responsable era el hijo de alguien que clamaba ser la Luna de la manada. Y eso solo podía significar una cosa: mi compañero alfa me estaba engañando. Yo era la hija del alfa más rico, y después de que mi compañero se unió a mí, heredó el título de alfa de mi padre. Poco sabía que había estado ocultando mi verdadera identidad, fingiendo ser una omega durante años, solo para terminar en esa trágica situación. Ahora, había decidido defender a mi hija y vengarme de ese miserable. ¡Era hora de mostrarles a esos lobos quién era la verdadera Luna!
Cuento corto · Hombres Lobo
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El Frágil Hilo del Amor

El Frágil Hilo del Amor

La exnovia de mi ahora novio, Santiago, Isabella publicó un video en sus redes sociales. En el video, se les veía como mi novio y ella estaban jugando a pasarse una carta de poker con los labios. La carta cayó, y sus labios se rosaron, comenzando un beso apasionado a lo que se apartó la grabación de la escena. El pie de foto decía: —¡Sigues igual de torpe! Yo estaba mirando semejante canallada desde el hospital, estaba pasando mucho dolor por que al parecer había tenido un aborto espontaneo. Sin decir nada, le di me gusta y comenté: —Felicidades a ambos. Al instante, Santiago me llamó y empezó a gritarme por celular. — ¿No me digas que vas a comenzar con tus escándalos de mierda? ¡Solo nos estábamos distrayendo un poco con Isabela! ¿Ya que video te vas a poner a inventar? Sabía que, después de doce años de relación, todo lo que había compartido con él era solo una ilusión. Yo no iba a soportar que alguien me engañara, no más. Era pues entonces hora de agarrar mis chiros y marcharme.
Cuento corto · Romance
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Fingí el Aborto y Me Quedé con Todo

Fingí el Aborto y Me Quedé con Todo

Cuando Manuel Montenegro volvió a casa con un niño de tres años, yo estaba eligiendo cunas. El pequeño tenía los mismos ojos que Renata Salcedo, el primer amor de Manuel. —Acaba de volver al país y no tiene fuerzas para ocuparse de él. A partir de ahora, yo criaré a este niño. La voz de Manuel no admitía objeciones, aunque su mirada estaba clavada en la leve curva de mi vientre. —En cuanto al que llevas dentro, abórtalo. Este niño es muy sensible y todavía no está preparado para aceptar a un hermanito. Los dedos con los que sostenía la ecografía me temblaron. Guardé silencio durante un largo rato y después asentí con docilidad. —Está bien. Haré lo que tú digas. Al día siguiente salí sola de la clínica y le entregué una constancia médica que acreditaba el aborto. Manuel la dejó sobre la mesa sin prestarle demasiada atención. —Mañana pondré a tu nombre el penthouse dúplex. Asentí con calma. —Está bien. Gracias. Al no ver ni las lágrimas ni la escena que esperaba, frunció apenas el ceño y no dijo nada más. Lo que él ignoraba era que la constancia médica era falsa y que yo seguía embarazada; la propiedad, en cambio, era muy real. Al fin y al cabo, tenía clara una cosa: el dolor podía ser verdadero, pero nunca debía nublarme el juicio. Cada rastro de culpa de un hombre tenía que convertirse en dinero.
Cuento corto · Romance
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El Fuego que Quemó Nuestro Amor

El Fuego que Quemó Nuestro Amor

Llevábamos cinco años casados por el civil, y mi esposo, Adrián Lobera —bombero—, siempre decía que no tenía tiempo para celebrar la boda. Y, de pronto, sí tuvo tiempo. El día de la ceremonia, por más que lo intenté, no pude comunicarme con él. Hasta que vi un en vivo en internet: Roxana García lo llevaba del brazo y él recibía una medalla de manos del mismísimo alcalde. Los comentarios rebosaban de envidia: —La esposa de Adrián está guapísima, no como esas que solo saben hacer los quehaceres. —Sí, tan elegante, tan segura; seguro que es el gran apoyo detrás de Adrián. Yo, temblando, miré mis manos ásperas. Estuve a punto de comentar que esa mujer no era su esposa cuando se oyó un "¡Bum!". En la cocina, una fuga de gas provocó una explosión. Con la piel ardiendo, como si me la hubieran cocido por el calor, lo llamé desesperada para pedirle ayuda. Pero él me interrumpió, impaciente: —¿Qué estás inventando ahora? Te avisé lo de la boda para que no salieras con tus dramas. El papá de Roxana murió salvándome la vida; dejar que me acompañe y se haga pasar por mi esposa no es para tanto, ¿no? Me quedé helada. Y colgó. Sin dudarlo.
Cuento corto · Romance
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