Estafando al diablo
Irina Volkov tiene tres reglas fundamentales: nada de emociones, nada de nombres reales y nunca quedar en persona. Durante dos años ha sobrevivido gracias a esas reglas, estafando a hombres ricos con romances falsos y destinando cada dólar robado a pagar la abrumadora deuda que su abusivo padrastro contrajo en su nombre antes de que ella escapara. No es codiciosa. Está desesperada. Y es muy, muy buena. Hasta que elige como objetivo a Nikolai Dragunov. Lo que Irina no sabe es que Nikolai la conoce desde el principio. Creó el cebo perfecto —un hombre de negocios solitario con dinero para gastar— y esperó a que ella lo encontrara. Porque en un mundo que Nikolai controla hasta el último detalle, Irina Volkov es lo único impredecible que le queda. Quería ver hasta dónde era capaz de llegar. Ahora el juego ha terminado. La estafa ha sido descubierta. Y Nikolai no le pide que le devuelva el dinero. Se la queda. Atrapada en su ático, sin ningún lugar al que huir y con un jefe de la Bratva que la mira como si fuera un rompecabezas y un premio, Irina tiene que sobrevivir al objetivo más peligroso que jamás ha marcado y, de alguna manera, evitar enamorarse de él en el proceso. Ella es una mentirosa. Él es un monstruo. Y ninguno de los dos esperaba enamorarse.
"Me has quitado mi dinero, Malyshka. Ahora me perteneces".