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Ya No Seré Tu Herramienta Perfecta

Ya No Seré Tu Herramienta Perfecta

La noche que nombraron a Lorenzo jefe de la familia Martín, le entregué mi virginidad. Él era el heredero al que me habían prometido desde antes de saber hablar. Nos besamos contra las ventanas panorámicas, enredados en el calor húmedo del crepúsculo... Sus manos ásperas y urgentes me lastimaron, pero no me aparté. Hasta el dolor se sintió sagrado; ese era un sacrificio que estaba dispuesta a hacer por amor. Perdido en el calor del momento, me prometió unos hermosos zapatos de cristal, para que, al día siguiente, bailara con él el vals inicial en su ceremonia de coronación. El primer baile siempre estaba reservado para el nuevo jefe y su futura esposa. Lloré de alegría, creyendo que mis años de anhelo secreto y espera paciente finalmente culminarían en un final de cuento de hadas. Pero estaba equivocada. ¡Terriblemente equivocada! A la mañana siguiente, arrastré mi cuerpo adolorido para comprar su espresso favorito, solo para escuchar a escondidas cómo los muchachos bromeaban al regresar: —Así que al fin te comiste la cereza de la familia, ¿eh? ¿Cómo estuvo Viviana en tu primera noche como jefe? La voz de Lorenzo al responder era perezosa y a la vez burlona: —Ella tiene cara de ángel y cuerpo de diabla. Es una zorra ardiente en la cama. La habitación estalló en silbidos obscenos. —Jefe, entonces, ¿de verdad te vas a casar con ella? —¿Estás hablando en serio? —resopló Lorenzo con desdén—.Viviana para mí solo fue una práctica en la intimidad. Una vez que practique lo suficiente, iré a domar a la princesa de hielo de los Falcón. Cuando me aburra, siempre puedo volver y casarme con ella. Me quedé petrificada en el umbral, la visión se me nublaba y la taza de café temblaba en mis manos. Antes de que el mundo se oscureciera por completo, le envié un mensaje cifrado al Don: —Señor Román, consígame un traslado para el ascenso en tres días. Qué esté lo más lejos posible de Lorenzo.
Cuento corto · Mafia
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Cuando dejé de amarte

Cuando dejé de amarte

—Señora González, los estudios confirman que padece cáncer de páncreas en fase terminal.. Si suspende el tratamiento, quizá le quede menos de un mes. ¿De verdad está dispuesta a renunciar? ¿Su esposo, el señor González, también lo acepta? —Sí… él también estará de acuerdo. Colgué la llamada del médico y recorrí con la mirada la casa vacía; una amargura espesa me llenó el pecho. Pensaba que era solo aquel viejo dolor de estómago… y resultó ser cáncer. Suspiré y miré la foto sobre la mesa: Ernesto González, con dieciocho años, me observaba con devoción. Aún recordaba aquel día en que los copos de nieve se asentaron en nuestro cabello y él, sonriendo, preguntó si eso ya contaba como envejecer juntos hasta las canas.
Cuento corto · Romance
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Dejé de ser su Luna... ¡y el Alfa enloqueció!

Dejé de ser su Luna... ¡y el Alfa enloqueció!

Cada semana, mi Alfa Bruce llevaba a una mujer distinta a casa, y frente a mí, en nuestra propia cama, se entregaba al desenfreno. Cada traición desgarraba mis sentidos; dolía como si unas garras afiladas me abrieran el alma. Él me odiaba; por eso me torturaba, una y otra vez, burlándose de mi confianza con su traición carnal. La noche de nuestro décimo aniversario llevó a la amante que había mantenido en secreto durante cinco años hasta nuestro territorio. Ella calzaba mis tacones, vestía mi traje de gala hecho a medida y lucía el anillo y el collar que yo había creído símbolos de nuestra promesa. Él, de pie ante todos los invitados, se burló: —¿No te gusta su vestido? Quítate el tuyo y dáselo. Ah, y esta noche no necesito que me atiendas. Ella es cien veces mejor que tú en la cama. La multitud estalló en carcajadas, convirtiéndome en su objeto de burla. Pero yo me levanté con calma y lo miré: —Quiero romper el vínculo. Él reaccionó como si oyera el chiste más aburrido: —Eso lo has dicho cien veces; ya me harté. ¿De verdad estás dispuesta a renunciar al puesto de Luna? Te arrastraste para que te marcara; tú te aferraste sin dignidad. La gente volvió a reírse a carcajadas. Pero ellos no sabían que, de todas esas cien veces, esa vez yo estaba decidida a terminar con esa agonía. Esa vez no lo quería ni a él ni al poder y la gloria de ser su Luna. Había decidido romper por completo el lazo de nuestras almas.
Cuento corto · Hombres Lobo
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¡No quiero ser madrastra!

¡No quiero ser madrastra!

Mi novio es el mejor cazador de la manada Luna Plena. Tres años atrás, antes de irse a esa misión secreta de Nivel S, me dijo: —Cuando regrese, haremos la ceremonia de marcado. Me aferré con devoción a esa promesa mil días y mil noches… hasta que, hace diez días, por fin, volvió. Sin embargo, mientras preparaba la ceremonia, escuché por casualidad su conversación con su compañero. —¿Va a marcar a Elena? Entonces, ¿qué será de Dolores y Esteban? El niño tiene más de dos años y es su copia exacta —dijo el hombre, antes de añadir—: Si Elena descubre que durante todos estos años usted fingió una misión secreta para ver nacer a Esteban y criarlo… —Ella jamás debe saberlo. —Octavio lanzó una mirada decidida a su subalterno—. —Que Dolores controle su lengua y al niño. Mi única compañera de alma será Elena. ¿Dolores? ¿Niño? Mientras yo rezaba día y noche por su vida, él estaba criando un hijo con otra… Furiosa, apreté los puños hasta clavarme las uñas en las palmas y, al encerrarme en mi cuarto, llamé a mi padre: —Papá… quiero volver a casa.
Cuento corto · Hombres Lobo
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A Tres Días del Final, Me Cambió por Otra Omega

A Tres Días del Final, Me Cambió por Otra Omega

Yo soy el Omega más insignificante de la manada, pero terminé siendo el compañero destinado de Beck, el Alfa. Por mi estatus tan bajo, en todos los eventos donde debíamos aparecer juntos, él jamás me permitió asistir.Organicé para él dieciocho celebraciones grandiosas, pero ni siquiera en nuestro aniversario me dejó presentarme. Hasta que en la décima novena ocasión, Beck, sorprendentemente, aceptó que yo fuera. Estaba emocionado, me arreglé con toda ilusión… solo para encontrar a Beck tomado de la mano de Wendy, otra Omega. Ellos, muy cariñosos, reemplazaron el video de recuerdos que preparé con escenas dulces de los dos juntos. Beck, abrazando a Wendy y mirándome con desprecio, me dijo: —Mi Luna necesita el reconocimiento de todos en la manada. Y tú, Clara, nunca tuviste un lugar oficial como Luna. Wendy lo consiguió antes que tú. Desde hoy, ella ocupará tu lugar. Todos los miembros de la manada esperaban que yo perdiera la cabeza, que hiciera un escándalo… Pero en lugar de eso, sentí una extraña paz, casi un alivio. Porque faltaban solo tres días para que el contrato de compañero entre Beck y yo llegara a su fin.
Cuento corto · Hombres Lobo
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Lo que no sabes

Lo que no sabes

Saúl Morales y Patricia Romero habían sido una bonita pareja por muchos años. Pero en un giro trágico del destino, Saúl perdió su vista y Patricia desapareció. Dos años después, los dos volvieron a encontrarse, y Saúl finalmente se enteró de la verdadera razón de la desaparición de Patricia.
Cuento corto · Romance
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Firmé Su Nombre En Su Lugar

Firmé Su Nombre En Su Lugar

Un trato entre familias forzó a mi prometido Marco Corvini a casarse conmigo. Mis padres estaban muertos. Su obsesión era Isabella Falcone, la princesa de nuestros rivales. Al final, Marco devoró el imperio de mi familia y me arrojó a los lobos. Paseó a Isabella de su brazo como un premio que había ganado. Veinte años después, estaba en mi lecho de muerte. Mi propio hijo—nuestro hijo—sostenía el veneno. Dijo que era inútil, que su padre necesitaba el poder de la familia Falcone. Entonces abrí mis ojos. Había regresado. De vuelta al día de mi juramento de sangre. Esta vez, para salvar a mi familia, no firmé mi nombre en el pacto. Firmé el de ella. Isabella Falcone. ¿Y yo? Tomé la fortuna que mis padres me dejaron y desaparecí. Esta vez, no sería la tonta sangrando por un hombre que nunca fue mío.
Cuento corto · Mafia
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Abandonada Por Mi Alfa Y Nuestros Gemelos

Abandonada Por Mi Alfa Y Nuestros Gemelos

Cuando me vi rodeada por la manada de forasteros lejos de nuestro territorio, intenté contactar a mi pareja, Ricardo, mediante el enlace mental, suplicando ayuda. Sin embargo, él me rechazó quince veces, hasta que finalmente bloqueó el enlace por completo. Al final, me desplomé agotada y perdí el conocimiento, mientras mi loba aullaba desesperada. Cuando desperté en la enfermería, Santiago, el Comandante de la Manada de Hombres Lobo, estaba sentado en silencio a mi lado. Él fue quien recibió mi desesperada llamada mental. Dirigió a sus guerreros, aplastó a los forasteros y me salvó de las garras de la muerte. Al mirar sus ojos preocupados, ya no dudé más, respiré hondo y, con una determinación inquebrantable, dije: —Santiago, he tomado mi decisión. Me iré al Territorio del Norte para entrenar, partiré en dos días. Diez minutos después, Ricardo irrumpió en la habitación con Esperanza, su supuesta hermana adoptiva, y nuestros gemelos detrás. Pateó la puerta y me señaló, gritando con furia helada. —¿Montaste todo este espectáculo solo para opacar a Esperanza? ¿Te das cuenta de cuánta fuerza de los guerreros desperdiciaste, solo para alimentar tu vanidad? ¡No mereces ser una Luna! Mi hijo mayor, Cristóbal, me lanzó una mirada penetrante y se burló. —¿Dónde está la herida, mamá? Te ves perfectamente bien. ¿Fingiste todo esto solo para llamar la atención? Mi hijo menor, Diego, me miró con ojos llenos de decepción. Negó lentamente con la cabeza y susurró. —Mamá, ¿nos mentiste otra vez... solo porque queremos más a Esperanza? Esperanza se aferró a la mano de Ricardo. —Lo siento, Carmen... no volveré a celebrar mi cumpleaños. Por favor... deja de causarle problemas a Ricardo y a los gemelos. Apreté los puños e impedí que Santiago se levantara para defenderme. Los vi marcharse a a los cuatro, sin mirar atrás. Entonces, me volví hacia Santiago y, con gélida claridad, dije: —Esta vez, no tengo dudas ni arrepentimientos. Me iré contigo al Territo.
Cuento corto · Hombres Lobo
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¡Amigas, nos divorciamos juntas! ¡Adiós a los infieles!

¡Amigas, nos divorciamos juntas! ¡Adiós a los infieles!

Mi mejor amiga, Dora, y yo nos casamos con los hermanos Delfin: yo con Oliver, un obstetra reconocido, y ella con Otto, CEO de una farmacéutica. El día de mi cumpleaños, la mujer que mi esposo siempre ha amado me envió el cadáver de un gato callejero, y el susto me provocó un parto prematuro y una embolia. Llamé a Oliver para pedir ayuda, pero él prefirió atender el parto de la perra de su amante. Al final, fue Dora quien me operó y llamó a Otto para pedirle un medicamento esencial para mi bebé. Otto, tan despreocupado como su hermano, se negó: estaba muy ocupado preparando un caldo para la misma perra. Mi bebé murió, y con él, una parte de mí. "Quiero divorciarme," le dije a Dora. "Yo también," respondió ella. "¡Esos infieles no merecen tener esposa!" Cuando pedimos el divorcio, los hermanos finalmente se alarmaron.
Cuento corto · Romance
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El Frágil Hilo del Amor

El Frágil Hilo del Amor

La exnovia de mi ahora novio, Santiago, Isabella publicó un video en sus redes sociales. En el video, se les veía como mi novio y ella estaban jugando a pasarse una carta de poker con los labios. La carta cayó, y sus labios se rosaron, comenzando un beso apasionado a lo que se apartó la grabación de la escena. El pie de foto decía: —¡Sigues igual de torpe! Yo estaba mirando semejante canallada desde el hospital, estaba pasando mucho dolor por que al parecer había tenido un aborto espontaneo. Sin decir nada, le di me gusta y comenté: —Felicidades a ambos. Al instante, Santiago me llamó y empezó a gritarme por celular. — ¿No me digas que vas a comenzar con tus escándalos de mierda? ¡Solo nos estábamos distrayendo un poco con Isabela! ¿Ya que video te vas a poner a inventar? Sabía que, después de doce años de relación, todo lo que había compartido con él era solo una ilusión. Yo no iba a soportar que alguien me engañara, no más. Era pues entonces hora de agarrar mis chiros y marcharme.
Cuento corto · Romance
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