Amor Prohibido por Mi Hermano Adoptivo
—Ah… sí, amo tus caricias, Javier. Tócame aquí… más profundo, Javier...
Me llamo Camila, una joven de veintidós años que ha crecido bajo el techo de la lujosa mansión Villareal desde que tenía diez años.
Al principio, creí que aquel lugar era mi santuario, el sitio al que pertenecía. Pero, con el paso del tiempo, esa gratitud se transformó en un pecado prohibido. Había caído rendida ante Javier, mi propio hermano adoptivo. Por desgracia, ninguna cantidad de culpa lograba sofocar el hecho de que, cada noche, la ardiente imagen de sus caricias devastaba por completo mis sueños.
Lo deseaba… lo anhelaba con desenfreno en mi imaginación. Sin embargo, la realidad me devolvía bruscamente a mis sentidos: Javier ya tenía una prometida, un crudo recordatorio de que yo no era más que una intrusa lo bastante necia como para haber perdido el corazón.
¿Quieres saber el resto de la historia? ¡Sigue la continuación de nuestro viaje cada día!
Gracias.