Tentación De Trillizos: Mis Hermanastros Son Trillizos
La mano de Vincenzo desciende hasta mi muslo, levantándolo ligeramente hacia su cadera.
—¿Quieres eso? —pregunta con rudeza—. ¿Nos quieres?
Lo miro con lujuria. Mis ojos nublados de deseo, pasión y anhelo.
Estoy rodeada. Empapada de lujuria. Llena de pasión y de un fuego ardiente. Llena del calor del deseo acumulándose en mi estómago.
Estoy jodidamente excitada.
Debería decir que no. Debería.
No se supone que deba estar haciendo esto.
No con mis hermanastros.
No con los tres a la vez.
Pero lo que sale de mi boca es un susurro.
—Sí.
Los tres gimen.
—Tu deseo es nuestra orden, mi víbora —dice Riccardo con voz ronca, y yo me estremezco.
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Después de que la madre de Elena se casa con un poderoso multimillonario, ella se muda a una lujosa mansión solo para descubrir que sus nuevos hermanastros son trillizos.
Son mayores, atractivos, intimidantes, peligrosos, pecaminosamente seductores… y nada parecidos cuando se trata de cómo la tratan.
Su madre dice: “Ahora solo son tus hermanos.”
Pero ellos no la miran como a una hermana.
Ni siquiera un poco.
Elena nunca tuvo la intención de enamorarse de ellos. Pero todos parecen quererla y no piensan rendirse.
¿Y para empeorar las cosas?
Son herederos de un imperio de la Mafia. Y todos han decidido que Elena les pertenece… de maneras muy diferentes.