Un Heredero por Contrato
Elías Vázquez ha diseñado su vida como diseña sus edificios: líneas rectas, silencio absoluto y control total.
A sus 42 años, este arquitecto de éxito tiene una obsesión: no desaparecer sin dejar rastro. Incapaz de sostener una relación emocional real, decide comprar lo único que le falta: un heredero. Para ello redacta un contrato blindado, paga una cifra obscena y elige a la candidata perfecta por sus métricas genéticas, no por su historia.
Mara Durán es un error de cálculo en los planos de Elías.
A los 27 años, Mara no busca un futuro, solo sobrevivir al presente. Acepta alquilar su vientre para saldar una deuda que la ahoga, convencida de que podrá mantener la distancia. Pero cuando el contrato exige que se mude al ático minimalista de Elías para una "supervisión constante", la teoría choca contra la biología.
Mara trae ruido, desorden y olor a comida barata a un santuario de hormigón y cristal.
Lo que empieza como una transacción fría se convierte en una convivencia asfixiante donde el dinero no puede comprar la asepsia emocional. A medida que el embarazo avanza, la barrera entre "empleador" y "empleada" se disuelve entre náuseas, visitas al médico y miedos compartidos.
En Cuerpo extraño, el verdadero intruso no es el bebé que crece en el vientre de Mara, sino la intimidad que nace, inevitable y sucia, entre dos personas que solo querían firmar un papel y mirar para otro lado.