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El Arrepentimiento del Alfa Tras Matar a Nuestro Cachorro

El Arrepentimiento del Alfa Tras Matar a Nuestro Cachorro

Mi compañero alfa creía que yo no sabía que tenía dos cachorros mestizos omega con su amante omega, pero yo había descubierto su secreto hacía mucho tiempo. Lo amenacé con que debía romper con su amante, o de lo contrario escondería a sus hijos y lo haría arrepentirse para siempre. Pero, en realidad, no había hecho absolutamente nada. Sin embargo, los cachorros desaparecieron. Él me encerró en una jaula de plata y hasta me obligó a presenciar cómo maltrataban a mi hijo, con tal de interrogarme sobre el paradero de los cachorros. Pero cuando mi hijo realmente murió, me rendí por completo y me fui… El poderoso alfa colapsó.
Cuento corto · Hombres Lobo
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La Mentira que Todos Sabían Menos Yo

La Mentira que Todos Sabían Menos Yo

«Ofende a alfa Carlos, e Irene intercederá por ti. Pero si enfadas a Irene, no quedarán ni tus huesos». Esta frase corría como la pólvora entre los lobos de alta sociedad. Yo soy Irene. Y solo por un juego, decidí romper el contrato de pareja con Carlos. En aquel juego, él, borracho, soltó: —Me encanta apoyar la cabeza en el vientre de una embarazada y escuchar el latido de la cría. El salón se sumió en un silencio glacial. Todas las miradas se clavaron en mí. No había sorpresa en esos ojos, solo compasión hacia mí —la Luna legítima— y el pánico de un secreto al descubierto. Me di cuenta al instante. Todos sabían que Carlos tenía una cría con otra mujer. Y todos le habían encubierto. Porque conocían una verdad: yo era la vida de Carlos. Si lo descubría, lo abandonaría... y él enloquecería. Hay que admitir que me entendían demasiado bien. Tras conocer la verdad, preparé tres cosas: Primera: Arrojé al horno de fundición el anillo de bodas que Carlos diseñó para mí. Los diamantes estallaron en un arcoíris de despedida. Segunda: Guardé en un USB el video donde Lilia me provocaba con su embarazo. Tercera: Presenté ante el Departamento de Asuntos Lupinos mi solicitud para ser investigadora en la Isla Glacial, un refugio aislado del mundo. El día que abandoné la manada era justo el séptimo aniversario de nuestra boda. Y yo... me esfumaría de su vida como humo en el viento.
Cuento corto · Hombres Lobo
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Te Amé Una Vez

Te Amé Una Vez

Tres días antes del compromiso, Jaime Esparza me llamó por celular: —Vamos a retrasar la ceremonia un mes. Ese día es el primer concierto de regreso de Patrícia, no puedo faltar. No pasa nada, solo es un retraso. Era la tercera vez en un año que posponía nuestro compromiso. La primera vez fue porque Patrícia estaba en el extranjero con apendicitis. Dijo que tenía que ir a cuidarla y salió disparado hacia allá. La segunda, porque Patrícia dijo que se sentía mal y él temía que cayera en depresión y reservó un vuelo inmediatamente. Y ahora, la tercera vez. Yo simplemente dije “está bien”, colgué el celular y me giré hacia el hombre guapo y noble a mi lado: —¿Te interesa casarte conmigo? Más tarde, en el concierto de Patrícia, Jaime la dejó sin pensarlo, y con los ojos rojos se precipitó hacia mi compromiso. —¿Alejandra, de verdad vas a comprometerte con este hombre?
Cuento corto · Romance
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Si no me amas, déjame ir

Si no me amas, déjame ir

El padre de Fernando me llamó para avisarme: tenía que hacer que su hijo, el heredero alfa, regresara a casa cuanto antes. Al parecer, ya le habían elegido una pareja para un matrimonio pactado. Pero Fernando estaba a mi lado, profundamente dormido, el torso desnudo, respirando con la tranquilidad. Pensé que era una broma, así que lo empujé suavemente con el codo y solté una risa baja. —Fernando, dicen que ya te encontraron prometida. ¿Qué opinas? Él alzó una ceja, sin molestarse en abrir los ojos, y me rodeó la cintura con un gesto perezoso. —Querida, entonces acuérdate de elegirme un traje bonito, ¿sí? Confío en tu gusto. Seguro la dejas impresionada. Me quedé en silencio, los músculos tensos. Él lo notó. Abrió los ojos y soltó una risita burlona, como si todo fuera un chiste privado. —Vaya, Ofelia, ¿esa carita qué? No me digas que de verdad pensaste que te iba a hacer mi Luna. Solo somos amantes de cama, ¿no?
Cuento corto · Hombres Lobo
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Ellas Llorarán Sobre Mi Tumba

Ellas Llorarán Sobre Mi Tumba

Mi papá era un «Jugador». Cuando al fin completó con éxito su misión de conquista, desapareció de ese mundo. Y, como premio de consolación, me dejó al cuidado de cuatro madres. La primera era una CEO asquerosamente rica. La segunda, una médica brillante con habilidades que rozaban el milagro. La tercera era una oficial agresiva del ejército, y la cuarta, la actriz más aclamada y cotizada del país. Durante dieciséis años, aquellas cuatro mujeres me adoraron hasta volverse locas. Me dieron la vida perfecta y cumplieron cada uno de mis caprichos sin dudarlo. Pero el cuento de hadas se pudrió tres años atrás. Ese fue el momento en que William Carson, el hijo de su inolvidable primer amor, irrumpió en nuestras vidas. A partir de su llegada, la devoción que mis madres sentían por mí se transformó en un odio ciego. William acaparó toda su confianza y, para mí, solo reservaron el desprecio. Bastaba con que William abriera la boca para condenarme. Si él lloraba y decía que lo había llamado «bastardo asqueroso», mis madres me obligaban a vivir en una perrera y tenía que tragar sobras del suelo como si yo fuera un verdadero perro callejero. Si él inventaba que yo lideraba una red de acoso en su contra en la escuela, ellas no dudaban en forzarme a abandonar los estudios. Y, para asegurarse de que aprendiera la lección, contrataron a unos delincuentes para que me dieran palizas a puerta cerrada durante tres meses interminables. El golpe final llegó cuando William fingió que lo había empujado por las escaleras una vez más. Esa vez, mis queridas madres me encerraron en una jaula de acero y me dejaron sin comer durante setenta y dos horas seguidas, con la esperanza de que el sufrimiento me hiciera aprender la lección. Y allí, tirado en la oscuridad, con el cuerpo a punto de rendirse ante la inanición y la muerte que me respiraba en la nuca, la escuché. Una voz robótica rompió el silencio de mi mente. Era... ¿papá? —Henry —susurró la entidad, con un eco metálico—. Tu padre te está esperando. ¿Quieres volver a casa con él?
Cuento corto · Imaginación
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Me casé el mismo día que mi novio... aunque mi esposo no era él

Me casé el mismo día que mi novio... aunque mi esposo no era él

Me casé el mismo día que mi novio...aunque mi esposo no era él. El video de mi novio, Ricardo Vargas, pidiéndole matrimonio a su secretaria se volvió viral, desatando comentarios y suspiros sobre lo romántico que era. Su prometida, Verónica Méndez, compartió en Instagram: ¨¡Por fin eres mío! Valió la pena la espera. Ricardo, estoy lista para pasar el resto de mi vida contigo.¨ Los comentarios explotaron: ¨¡Adoro esta pareja! ¡La secretaria y el jefe! ¡Es mi pareja favorita!¨. Yo, Elena Rodríguez, su novia de siete años, cerré la página en silencio. Fui a buscar a Ricardo para pedirle una explicación. Pero entonces lo escuché hablar con un amigo. —No me queda de otra —decía—. Si no me caso con ella, su familia la va a obligar a casarse con cualquiera, con alguien que ni quiere. —¿Y Eli qué? —preguntó el amigo—. Ella es tu novia, ¿no? ¿No te preocupa que se enoje? —¿Y qué si se enoja? —respondió Ricardo—. Eli lleva siete años conmigo. No puede vivir sin mí. Al final, resultó que él y yo nos casamos el mismo día. Cuando nuestros carros se cruzaron camino a la boda, Ricardo vio que yo era la novia en el otro vehículo. En ese instante, su mundo se vino abajo.
Cuento corto · Romance
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La Venganza de la Hermana No Deseada

La Venganza de la Hermana No Deseada

Mi hermana mayor era el orgullo de la familia, pero padecía una extraña enfermedad sanguínea cuyo tratamiento costaba miles de dólares al mes. Para ayudar a curarla, yo le donaba sangre periódicamente mientras trabajaba sin descanso haciendo entregas a domicilio. Un día, mi hermana sufrió una hemorragia severa por un aborto, y mi propio novio fue quien me empujó a la mesa de operaciones. Fue entonces cuando descubrí la terrible verdad: mi hermana había estado esperando un hijo de mi novio. —De todos modos, siempre has sido el banco de sangre de Mariana. Morir por ella le dará sentido a tu muerte —me dijeron. Me abandonaron en la mesa de operaciones, donde morí por pérdida excesiva de sangre. Sin embargo, cuando mi vida se desvaneció realmente, todas aquellas personas que habían deseado mi muerte enloquecieron.
Cuento corto · Drama Realista
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De Rota a Intocable

De Rota a Intocable

Llevo ocho años casada con Elías Guerrero, un capo de la droga en México. Y justo hoy, en nuestro aniversario, me enviaron por WhatsApp una foto suya celebrando... con Lía, mi mejor amiga. En la imagen, parecían ellos los que estaban casados. En sus brazos tenía a Iván, mi hijo. Me quedé mirando la foto por un momento. Luego le escribí: «Qué bonito». Media hora después, Elías entró dando un portazo y su voz retumbó por toda la casa. —¿Por qué siempre tienes que tratar tan mal a Lía? Iván, mi propio hijo, se acercó empujándome con una mueca de disgusto. —Eres una mala mamá—me dijo—. Ojalá la señorita Lía fuera mi mamá de verdad. No reaccioné. Fui directo al cajón, saqué el fajo de papeles que llevaba un tiempo preparando y lo dejé sobre la mesa. —Está bien —les dije con la voz serena—. Todo es culpa mía. ¿Ya puedo irme?
Cuento corto · Mafia
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El arrepentimiento de mis hermanos después de mi partida

El arrepentimiento de mis hermanos después de mi partida

La noche de mi primer cambio, a los dieciocho años, mis dos hermanos mayores trajeron a casa a una Omega huérfana de doce años. Mi hermano mayor, un Alfa, se apoderó de la rara hierba curativa en la que había gastado todos mis ahorros, —la cual era una medicina destinada a aliviar los efectos de mi primera transformación—, y se las dio a ella. —Eres lo suficientemente fuerte —gruñó—. No necesitas de una hierba tan valiosa. Mi otro hermano, que era un Beta, en ese momento, soltó un rugido furioso, señalando la puerta. —¡Vete! ¡Y no vuelvas! No dije nada más; simplemente tomé mi maleta ya preparada y me marché. Sin embargo, ellos creyeron que solo estaba haciendo un berrinche, que regresaría en unos días. Por fin, libres de mi presencia, mis hermanos llevaron a la niña huérfana de vacaciones a las islas del Caribe, un destino con el que yo siempre había soñado. Muchos días después, cuando regresaron a la manada, se quedaron atónitos al descubrir que había aceptado la oferta del Jefe de los Sanadores de la manada vecina, un puesto que exigía quince años de investigación farmacéutica en aislamiento, por lo que no podría volver a casa. Aquella noche, ellos se desmoronaron.
Cuento corto · Hombres Lobo
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Mis Cuatro Papás Me Mataron

Mis Cuatro Papás Me Mataron

Mi mamá era una transmigradora con un sistema de conquista. Cuando cumplió su misión, dejó este mundo y me dejó con cuatro papás. Mi primer papá era un magnate tan rico que parecía capaz de comprarlo todo. Mi segundo papá, un actor premiado y famoso en todo el país. Mi tercer papá, un médico de talento excepcional. Y mi cuarto papá, un hombre con enorme poder e influencia. Durante dieciséis años, mis cuatro papás me consintieron como si fuera un tesoro. Me bajaban la luna y las estrellas. Pero todo cambió hace tres años, cuando regresó Elsa Salazar, la hija de la mujer que había sido el gran amor de los cuatro. Desde ese día, dejaron de creer en mí y solo le creían a ella. Cuando Elsa dijo que yo la trataba peor que a un perro y que no merecía vivir en esa casa, mis papás me obligaron a comer comida para perros y a dormir en una jaula. Cuando dijo que había llevado a mis compañeros de la escuela para acosarla, me sacaron de la escuela y contrataron a tres matones para que fueran a la casa a golpearme durante tres meses. Y cuando Elsa volvió a acusarme de haberla empujado, me encerraron en una jaula para perros, sin comida durante tres días y tres noches, para que aprendiera a portarme bien. Cuando estaba a punto de morir de hambre, escuché la voz de mi mamá. —Brenda, ¿quieres volver con mamá?
Cuento corto · Imaginación
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