CAPÍTULO 82.
Las huellas eran apenas visibles, pero los Dreknar sabían leerlas como quien sigue la sangre en la nieve. Thodor iba al frente, los ojos inyectados de determinación. El olor de Maerthys aún persistía, débil, como un eco desvanecido, pero estaba allí… y no se detenía.
—Se alejó de Valragh —gruñó uno de los suyos, olfateando el aire entre los pinos retorcidos—. Su rastro... no tiene rumbo. Es como si anduviera dando vueltas sin saber a dónde va.
Thodor apretó los puños:
—El suelo es fácil de leer