CAPÍTULO 83.
Habían pasado dos meses desde el devastador terremoto que sacudió Luzbria, y aunque las heridas seguían frescas en el alma del pueblo, la vida comenzaba a abrirse paso entre los escombros. Poco a poco, la paz y la seguridad volvían a asentarse. Algunas edificaciones habían sido destruidas por completo, otras resistieron lo suficiente como para ser restauradas, y en cada rincón se sentía el esfuerzo colectivo: manos unidas, corazones dispuestos, vecinos ayudando a reconstruir lo perdido.
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