CAPÍTULO 81.

El hospital central de Luzbria era un infierno.

Pasillos saturados, gritos en cada esquina, sangre que ya no se limpiaba, solo se esquivaba. El temblor había sido devastador, pero el verdadero desastre vino después: hombres, mujeres y niños arrastrados por los suelos, heridos por derrumbes, por estampidas… por bestias.

Kael no había dormido. No podía.

Con el rostro cubierto de sudor y ojeras, caminaba de un ala a otra con la bata blanca aún ensangrentada.

Una enfermera se le acercó con los ojos
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