CAPÍTULO 97.
Lina caminaba descalza entre los árboles, su vestido blanco ondeando con el viento. Cada paso la acercaba más a ese lazo invisible que vibraba en su pecho, en su piel, en su alma.
Y entonces lo vio.
Kael, en su forma de lobo, la esperaba entre la niebla tenue, con el pelaje erizado de deseo contenido. Sus ojos dorados se clavaron en los de ella, ardientes, hambrientos… amándola. El lobo bajó la cabeza, reverente, y al dar un paso hacia ella, su cuerpo comenzó a transformarse.
La carne se estiró