CAPÍTULO 76.
El terremoto había cesado.
El cielo se cubría con nubes pesadas, como si la tierra aún no terminara de llorar
Pasaron horas. Largas, tensas, desesperadas.
Y entonces, entre los árboles, una silueta emergió. Cojeaba, llevaba algo en brazos. Rykker. Su cuerpo estaba cubierto de polvo y sangre seca, pero en su mirada ardía la determinación.
—¡Emma! —gritó Clara, su voz se quebró apenas vio aquella pequeña figura—. ¡¡Emma!!
Ragnar se quedó quieto un segundo, luego corrió detrás de Clara. El corazón